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Es normal, entendámoslo bien, es "normal" que en las dos primeras semanas nos sintamos aturdidos, confusos, con nuestras emociones desbocadas, con dificultades para volver a la normal rutina de nuestro trabajo y en general de nuestra vida, esto es normal.
Se recomienda no negarse esta parte del proceso, no reprimirse, no bloquearse, antes por el contrario: es aconsejable dejar fluir el dolor, llorar cada vez que así lo desee: hablar "de" la persona fallecida, hablar "con" ella. Pero cuidado, en esta primera etapa también aparecen pensamientos y sentimientos de culpa, rabias y tendencia a la depresión, estos aspectos si se deben comenzar a procesar, como punto de partida para poder superar y sobrellevar el duelo e iniciar así, en forma digna y adecuada, el homenaje de nuestra vida a la memoria del ausente.
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Algo muy importante que se debe tener en cuenta durante esas primeras seis u ocho semanas, es abstenerse de tomar decisiones importantes que puedan tener trascendencia hacia el futuro inmediato o a mediano plazo, como: vender la casa, liquidar un negocio, retirarse de los estudios, cambios drásticos en las rutinas o costumbres, etc. Debe esperarse un plazo más prudente; los normales desórdenes emocionales que se presentan tras el fallecimiento de alguien cercano nos vuelven muy influenciables, débiles, frágiles, sensibles e impresionables. Todo ello es normal y lógico. Recuerde: el duelo NO es una enfermedad, no estamos enfermos.
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También debe entenderse como parte normal del proceso que, de vez en cuando, se presenten algunas recaídas en el ánimo y se produzcan (ahora un poco más breves) períodos tristes y depresivos, los cuales poco a poco se irán espaciando, aunque en algunos casos estas recaídas siguen presentándose por un tiempo más o menos largo, paulatinamente su intensidad será un poco menor; en caso de continuar presentándose fuertes e intensas etapas depresivas, sería aconsejable consultar un especialista.
En esta etapa, hasta el primer año (más o menos) tengamos presente que no en todos los casos es igual y que no todas las personas se tardan el mismo período de tiempo, recuerde: el tiempo es neutral e indefinible.
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Decíamos que durante el primer año es normal que se presenten períodos difíciles, que coinciden con las "primeras veces", como: su primera fecha de cumpleaños sin su presencia, el primer día de la madre... sin ella, la primera navidad, el primer 31 de diciembre y el aniversario de su fallecimiento; en algunos casos, el primer aniversario es especialmente doloroso y no debemos extrañarnos por las manifestaciones emocionales que puedan presentarse, estas no significan necesariamente que el duelo no se este procesando o llevando a cabo; tampoco significan que se haya derrumbado o perdido todo lo que hasta aquí se había logrado superar en materia de consuelo y superación, no, estas recaídas suelen ser breves y en un par de días se logrará seguir adelante con un poco más de normalidad.
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Si podemos tener claro en nuestra mente que "cicatrizar" no significa "olvidar" ni "dejar de amar", será más fácil adaptarse, entender y aceptar que sí podemos sobrevivir, que la vida debe continuar y que hay otras personas a nuestro alrededor que también nos necesitan; de esta manera, durante esta etapa empezaremos a reacomodarnos a nuevas rutinas, nos reencontraremos a nosotros mismos, reanudaremos y reordenaremos nuestras vidas.
Durante este primer año, pueden empezar a presentársenos nuevas oportunidades, nuevos compromisos laborales o económicos y empezaremos a forjar nuevos planes de vida, recordemos: una nueva vida más digna... como homenaje a la memoria de quien se ha marchado.
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Que nuestra nueva vida sea una manera digna, positiva y amorosa de decirle al ausente: "Así te recuerdo". "Esto fué lo que me enseñaste". "Esto ha sido lo que aprendí al compartir contigo".
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3 - A partir del primer año.
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En ningún momento y por ningún motivo debemos sentirnos culpables de iniciar una nueva vida.
Reflexionemos sobre lo siguiente: Si pudiésemos preguntarle a nuestro ser querido ausente: "Estarías de acuerdo con que yo continúe adelante con mi vida?" "¿Qué preferirías que decidiera ante esta situación?" Podemos tener absoluta certeza que la respuesta de aquel ser amado sería: "Renueva tu vida, sigue adelante, quisiera ver que has reencontrado tu alegría de vivir, no me hagas sentir culpable de verte destruído moral y emocionalmente, vive! ya que vivo estás! Yo estoy bien, no podría estar mejor, aquí no hace frío ni calor, nada me angustia, nada me preocupa, nada me duele ya! Vive! ya que vivo o viva estás!"
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Además es importante que sepamos que el luto es algo muy diferente a llevar un vestido negro, una persona vestida de colores y que honra con amor, con dignidad y con respeto la memoria de su pariente fallecido, le hace un duelo más honesto que alguien vestido totalmente de negro y que internamente no respeta ni dignifica su recuerdo.
En esta tercera etapa, más o menos a partir del primer año, normalmente vamos reubicándonos familiar y socialmente.
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Algo muy importante comienza ahora: el conocimiento de que SI es posible sobrevivir; el descubrimiento de que SI es posible seguir adelante; reconocemos ahora, dentro de nosotros, el valor y la entereza que necesitamos; conocemos el verdadero significado del amor y la tolerancia, la comprensión y la paciencia.
Reconocemos ahora lo que significa la superación de un proceso triste y doloroso; ya hemos vivido y sobrevivido a una gravísima situación traumática y emocionalmente muy desequilibrante, por lo tanto ahora somos (debemos ser) personas más maduras, más sólidas, espiritualmente debemos ser mejores personas.
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