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Continuamos con la segunda parte de los principales obstáculos que deben superarse en un proceso de duelo.
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Otro inconveniente u obstáculo muy frecuente es la "Sensación de infidelidad".
Concepto muy ligado al manejo del tiempo o período de luto. Cualquier espontáneo motivo de risa o placer, cualquier pequeña alegría, aunque sea involuntaria o casual, genera inmediatamente rechazo, vergüenza o sentimiento de culpa y de infidelidad.
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Las parejas tienden a suspender sus relaciones íntimas pues consideran que no tienen derecho, o que no es oportuna ninguna forma de placer.
No existen normas escritas, ni reglamentaciones definidas sobre cuánto tiempo debemos dejar pasar antes de volver a reírnos por alguna tontería o hecho gracioso, ni cuántos días o semanas debemos esperar para volver a cine o para ver la televisión. Procuremos entender lo siguiente: nuestro ser querido, que ha fallecido por la voluntad de Dios, ya está fuera de nuestros conceptos de risa, alegría, placer o similares. Ya se encuentra en otra dimensión y está muy por encima de que podamos ofenderle o irrespetar su presencia, sobre todo si es de manera involuntaria, si lo que hacemos es para volver a levantarnos, para continuar adelante con nuestra vida, incluso en homenaje a él o ella. Recordemos algo que ya citamos al inicio: "Preguntémosle: tú que opinas? Qué quisieras que hiciéramos en esto... o aquello?" Seguramente sabemos cual sería su respuesta.
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Cuando la muerte de nuestro ser querido ha sido ocasionada en un accidente o por causas traumáticas, esta situación genera otro de los obstáculos que debemos conocer y superar.
Por ejemplo: si nuestra pérdida ha sido ocasionada por ahogamiento durante un paseo, o por un accidente en una motocicleta o automóvil, podemos desarrollar verdadero pánico y se nos puede generar auténtica fobia hacia los ríos o piscinas y a los autos o motocicletas; en casos más graves podrían incluso presentarse hasta temores de salir a la calle. Temores tan frecuentes como el de subir a los aviones, nos permiten anotar que el más alto promedio de personas fallece simplemente en una cama y el mínimo se presenta en accidentes aéreos.
Si un ser amado salió una noche a celebrar con sus amigos y... nunca regresó, eso no quiere decir que todo el que salga por la noche, solo o acompañado, tendría altas posibilidades de no regresar.
Reflexionemos sobre este pensamiento: "Es más normal llegar tarde... que no llegar".
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Entendamos que el no procesar y superar este tipo de fobias y temores podría llegar a limitar enormemente nuestra vida, con lo cual este obstáculo nos impediría sobrellevar el duelo y reencontrarnos con una vida normal.
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El siguiente obstáculo está representado por algunas "Comparaciones" aparentemente inevitables; es común escuchar frases como: "Nadie arregla la casa tan bien como lo hacía ella" ; "El era el mejor, será irreemplazable"; "Ella hacía un excelente trabajo, como nadie"; "Quien como ella?"; "En esta casa se acabó la alegría, o el orden, o la buena cocina", etc. Todo ello implica actitudes limitantes y por lo tanto son factores que obstruyen el normal desarrollo del proceso de duelo.
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Es lógico e indudable que cada persona cuenta con unas características individuales que le son propias y particulares, pretender comparar ( incluso inconscientemente ) las cualidades de una persona fallecida con otra persona viva es una injusticia para ambas. Siempre, incluso entre quienes seguimos vivos, unas personas hacen unas cosas de una manera y otras de otra forma diferente, no todos los seres humanos hacemos las mismas cosas, ni tenemos iguales condiciones o aptitudes, cada ser humano es único e irrepetible. Establecer estas comparaciones descompensadas son síntoma de un posible "endiosamiento" del ausente, con todo el peligro que esto puede representar y que ya hemos descrito con anterioridad.
Esforcémonos honesta y justicieramente por no perder la objetividad en detrimento de los seres queridos que aún tenemos a nuestro alrededor, cada uno de los cuales también tiene sus características positivas y valiosas.
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También en las muertes traumáticas o violentas, se tiene la tendencia a intentar imaginar el grado de dolor que haya podido sufrir la persona fallecida. Este obstáculo, conocido como "Imágenes temidas" también es limitante y debe ser oportunamente superado.
Nuestro cerebro tiene un mecanismo de defensa ante el dolor, cuando algún trauma es especialmente doloroso, el cerebro genera un bloqueo hacia el mismo. Observemos que un golpe muy fuerte, como sucede en el boxeo, provoca una pérdida de consciencia, un desmayo, podemos interpretarlo como que el cerebro "se apaga", se "desconecta".
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Aunque un médico sería la persona más indicada para explicarnos con mayor detalle como opera este mecanismo de defensa, es importante que sepamos de su existencia. Seguramente nos ha sucedido que el dolor producido por un golpe o una caída sólo se siente horas más tarde o al día siguiente. Esta defensa de nuestro cerebro es una herencia de nuestros antepasados, cuando el bloqueo del dolor nos daba la opción de poder huir o defendernos ante un ataque. De esta manera, podemos entender que seguramente nuestros seres queridos no han sufrido demasiado con el trauma o accidente que haya conducido a su deceso.
De todas maneras, es responsabilidad nuestra el concentrarnos en recordar únicamente los momentos gratos, las características positivas y lo mejor de aquella persona; son los mejores momentos que compartimos juntos los que siempre le agradeceremos, los que deben permanecer y florecer en nuestro corazón y en nuestra mente.
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AHORA ALGUNAS CONSIDERACIONES ESPECIALES QUE SIEMPRE DEBEMOS TENER EN CUENTA:
- No nos olvidemos de las otras personas que están a nuestro alrededor; que el dolor por la muerte de un hijo (por ejemplo) no nos lleve a olvidarnos o a descuidar a sus demás hermanos, los cuales están viviendo su propia pena y también aún requieren de nosotros.
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- De igual manera, al morir (por ejemplo) nuestra madre, que la pena no nos lleve a olvidarnos de nuestro padre, quien ha perdido a su pareja de muchos años y está sufriendo su propio dolor. Que nuestra consideración, tolerancia y comprensión alcancen para todos los que de una u otra manera están atravesando por este penoso trance.
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- No olvidemos nuestra responsabilidad de recuperarnos pronto para poder ofrecer y compartir nuestro apoyo con otros parientes que cuentan con nosotros y nos necesitan.
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- Procesar adecuadamente nuestro duelo nos debe convertir en personas más maduras; la superación y el crecimiento personal derivados de un proceso de duelo superado con dignidad, con responsabilidad, con respeto y amor, deben ser nuestro homenaje a la memoria del ser querido que se nos ha adelantado.
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Y finalmente, acudamos al bálsamo curativo de la fe.
Es indiscutible que cualquier fallecimiento y en cualquier circunstancia, es la voluntad de Dios, independientemente del concepto que cada persona tenga sobre El.
Es Dios el Creador de la vida, sólo El conoce cuándo, cómo, donde y porqué.
El será el mejor apoyo y proveedor del consuelo que necesitamos.
Como hemos oído decir por ahí: "Nadie se muere la víspera". Solo Dios es el dueño, amo y señor de nuestro tiempo. Aceptemos y acatemos respetuosamente su Santa Voluntad, él nos proveerá oportunamente del alivio, descanso y recuperación que necesitamos.
Una última reflexión: "Dios no dá a nadie cargas más grandes de las que es capaz de sobrellevar".
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QUE LA MISERICORDIA DIVINA Y EL AMOR DEL PADRE ETERNO NOS PROVEAN ABUNDANTEMENTE DEL CONSUELO Y DEL VALOR SUFICIENTE PARA SEGUIR ADELANTE CON UNA VIDA DIGNA, QUE SEA UN HOMENAJE DE AMOR A LA MEMORIA DE ESTE SER QUERIDO QUE HOY YA NO ESTA ENTRE NOSOTROS.
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